Para circular por España es requisito obligatorio tener contratado un seguro de responsabilidad civil, que tiene como objeto garantizar la reparación de los daños a un tercero afectado por un accidente del que nosotros, como conductores, podamos ser responsables. Con el seguro terceros se evita que una persona insolvente deje de indemnizar por los daños causados bajo su responsabilidad.
Pero no todos los gastos están cubiertos en los seguros a terceros. La aseguradora se haría cargo de parte de los daños corporales o costes debido al fallecimiento en un accidente, pero no cubriría todos los daños materiales ocasionados. Para ello, para los seguros a terceros existen pólizas con coberturas adicionales y voluntarias.
Así, un seguro a terceros podría ampliarse con:
• Asistencia en viaje
• Responsabilidad civil voluntaria
• Seguro del conductor
• Defensa jurídica
Como cualquier seguro de coche, el de responsabilidad civil posee unos límites (en euros) para las eventuales indemnizaciones. El seguro cubre a quien conduzca el vehículo asegurado y al propietario, aunque cuando hay que pagar una determinada cantidad por daños ocasionados, si el conductor del coche asegurado es menor de 25 años y tiene el carnet de conducir menos de dos años, la compañía podría reducir la cantidad que abonaría.
La desventaja es que en un accidente provocado por el asegurado, un seguro coche terceros no cubriría los daños a su propio vehículo, sino tan solo los de un tercero afectado. Tampoco abarcaría los daños personales ni los de los bienes que se llevasen en el vehículo, así como también quedarían excluidos de la cobertura el cónyuge, los hijos y cualesquiera parientes que fuesen con el conductor en el momento del siniestro.
El seguro a terceros es, pues, una garantía que exige la ley, pero quedarían numerosas contingencias por cubrir en beneficio del asegurado, por lo cual suele ser habitual que los clientes de las aseguradoras amplíen su póliza y la ajusten de forma personalizada a sus necesidades.